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el pueblo se extiende por la ladera de un cañón. Por
tanto, las calles son cuestas empinadas y estrechas que imposibilitan
el tráfico de vehículos.
Las casas parecen hacinarse unas sobre otras, excavadas
en la roca o levantadas en las viseras que forma el terreno. El
castillo, posiblemente de origen almohade, domina la población.
Esta fortaleza fue reformada posteriormente por los cristianos,
entre otros por el infante don Juan Manuel, quienes añadieron
una gran torre del Homenaje. Recientemente ha sido restaurado, y
constituye el monumento más representativo de la villa.

El pueblo tiene una peculiar plaza de toros, levantada
sobre un cerro, con forma irregular y graderío de piedra.
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